Fundación Casa Ducal de Medinaceli

San Juan Bautista Niño

Cuentan los biógrafos de Miguel Ángel (1475-1564), Giorgio Vasari (1550) y Ascanio Condivi (1553) que en 1495 a su regreso a Florencia desde Bolonia esculpió un “San Giovaninno”  para  Lorenzo de Pier Francesco de Médicis, primo de Lorenzo “el magnífico”, educado en su casa, recordado por la protección que brindó a Sandro Boticelli y conocido como “Il Popolano” por su apoyo a la República Florentina que expulsó a la rama mayor de los Médicis de la ciudad. Es significativo que ya en vida de Miguel Angel ninguno de sus dos biógrafos hiciera mención alguna del paradero de la escultura, indicio de que la misma había desparecido del escenario italiano.

Prácticamente desde el nacimiento de la Historia del Arte como disciplina, los especialistas han buscado esta pieza proponiendo diversos candidatos. En 1930, Manuel Gómez Moreno propuso en un artículo en la revista Archivo Español de Arte este San Juan Bautista Niño de la Sacra Capilla del Salvador como el San Juanito mediceo perdido, encontrado cierto eco en la historiografía nacional, pero muy escaso en la nacional. En el año 2013, el profesor de la Universidad Federico II de Nápoles, Francesco Caglioti en dos artículos publicados casi simultáneamente, volvía sobre este asunto confirmando, con una argumentación contundente, la intuición de Gómez Moreno.

El profesor Caglioti divide su argumentación en cuatro bloques:

El primero es un repaso bibliográfico de la literatura de historia del arte de los últimos ciento cincuenta años relativa a la búsqueda de este San Giovannino mediceo falsando, uno por uno, la media docena de candidatos propuestos hasta la fecha y atribuyendo cada uno de ellos a su verdadero autor. Subraya el profesor Caglioti que los errores de atribución precedentes tenían su origen en que se había buscado el San Juanito desde presupuestos estilísticos del Miguel Angel maduro, "cinquecentesco", y no desde la perspectiva del quattrocento. De ahí que una parte importante de los candidatos propuestos fueran a la postre obras del pleno siglo XVI o incluso del XVII 576.

Analiza posteriormente el escaso eco que en la historiografía internacional tuvo la célebre (en España) atribución del San Juanito de la Capilla del Salvador a Miguel Ángel por Manuel Gómez Moreno en 1930, atribuyendo la exigua repercusión al poco rigor metodológico de la atribución, pues se basaba únicamente en un somero análisis estilístico obviando cualquier análisis histórico que explicara las vías por las que el San Juanito habría podido llegar a la Capilla del Salvador. Además, Gómez Moreno solamente publicó una fotografía de la estatua que impedía hacerse una idea real de su calidad escultórica. La destrucción de la pieza el 26 de julio de 1936 vino a complicar aún más las posibilidades de éxito de esta atribución de Gómez Moreno pues la historiografía internacional solamente podía contar con esa imagen publicada en el Archivo Español de Arte. 

En el tercer bloque hace un análisis iconográfico, estilístico y cualitativo del San Juan Bautista de la Capilla del Salvador comparándolo con la obra juvenil de Miguel Ángel. Para ello se vale de las diecisiete fotografías que ha conseguido reunir del San Juanito anteriores a 1936, un elenco que recoge casi todas las perspectivas en 360 grados de la pieza,  excepto un cuarto de la misma. (Esta investigación iconográfica fue vital para le reconstrucción virtual de la escultura) Demuestra mediante numerosos ejemplos y analogías que estilística y cualitativamente el San Juanito ubetense concuerda perfectamente con otras esculturas y pinturas de Miguel Ángel pero especialmente con la escultura del Bacchus (Museo del Bargello, 1497-8) y con la pintura llamada Madonna de Manchester (National Gallery 1495-6), lo que permite datar la pieza hacia 1495-96, precisamente los años en los que tanto Ascanio Condivi como Giorgio Vasari dataron el San Giovaninno mediceo.

En el último apartado desarrolla detenidamente la historia material de la pieza desde su encargo, en 1495, hasta el asesinato, en 1537, del I Duque de Florencia, Alessandro de Médicis, por Lorenzino, el nieto y heredero por primogenitura del Lorenzo de Pierfrancesco de Medici “Il Popolano”.

Los inventarios de fines del siglo XV y del XVI demuestran que la pieza estuvo en la residencia de esta rama menor de los Médicis  al menos hasta 1537.  Todo el patrimonio de esta rama de la familia pasó, en ese mismo año de 1537, de Lorenzino, huido de Florencia tras el asesinato del duque Alessandro, a Cosimo I, el único descendiente legítimo de Lorenzo de Pierfrancesco que quedaba en Florencia.

Significativamente, en 1541, Cosimo I hubo de pedir a la familia Martelli un San Giovannino de Donatello para ponerlo en el centro del aparato bautismal de su primogénito Francesco, dato que revela que ya no disponía del San Giovannino miguelangelesco. La búsqueda documental sobre la salida de la pieza del patrimonio de los Médicis se restringía, por tanto al periodo 1537 a 1541. Esta búsqueda, en un campo tan preciso, le ha permitido al profesor Caglioti localizar en el Archivo del Estado de Florencia, unos documentos que informan de un envío conducido, el mismo verano de 1537, –vía Génova y Barcelona– por el nuevo embajador de Florencia ante Su Majestad Cesárea, Averardo Serristori, de unos ricos paños de oro para ser entregados a Cobos y a Granvela, cuyo apoyo necesitaba para ser reconocido como Duque de Florencia. Además, ha documentado que el mencionado embajador tenía también el encargo de hacer llegar una “statua molto preziosa” a Francisco de los Cobos a través puerto del Cartagena, el puerto seguro más cercano a las posesiones jiennenses del secretario imperial.

Ya en 1547, el San Juanito de la Capilla del Salvador aparece documentado en un  inventario pos-mortem de los bienes que Francisco de los Cobos había dejado en su palacio-castillo de Sabiote. En 1568 su viuda María de Mendoza la lleva a la Capilla del Salvador, donde inmediatamente se convierte en “imagen de grandísima devoción y la talla vista por grandes maestros que an ydo a la dcha de Ubeda y rodeado muchas tierras solo por la ver dizen y an dicho que es pieça de inestimable valor por la gran perfección que tiene” tal como reza un interrogatorio realizado en 1570. Ubicada desde el siglo XVI, según Argote de Molina, en el Altar Mayor, la hornacina en la que aparece en las fotografías conservadas es obra de las reformas barrocas de la segunda mitad del siglo XVIII, aunque no se sabe desde cuando fue colocada en él. Antonio Ponz que critica la reforma realizada, sin embargo no hace alusión alguna a la evidente desproporción entre hornacina y escultura, indicio que por entonces no estaba allí.

El 26 de Julio de 1936, la Sacra Capilla fue asaltada y la imagen destruida, siendo sus fragmentos recogidos y depositados, después de la Guerra Civil, en la Capilla del Salvador hasta que en 1994  se enviaron al Opificio della Pietre Dure de Florencia, donde tras casi veinte años de resturación, la escultura fue restituida y presentada en Florencia el día de San Juan Bautista, patrono de la ciudad, de 2013.


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