Fundación Casa Ducal de Medinaceli

El arrastre del toro o Las mulillas

Este óleo sobre hojalata pertenece a la serie Tauromaquias y fue pintado por el artista aragonés en 1793. Pese a que se ha convertido en un lugar común que Goya fue un gran aficionado y apasionado de la fiesta nacional, no está nada clara su relación con ésta. Las referencias a la misma en su correspondencia son más bien escasas y el testimonio más claro en el sentido de un cierto apasionamiento es el de su amigo Moratín según el cual, el mismo Goya habría toreado durante su juventud. No obstante, no deja de ser significativo que de los catorce pequeños óleos sobre hojalata que pinta con mayor libertad en el momento decisivo de su vida (tras su restablecimiento en Cádiz de la grave enfermedad contraída en Sevilla y por la que quedó aquejado de sordera), ocho sean tauromaquias. Conocemos bien los motivos que animaron a Goya a pintar esta serie pues la envió con una carta justificativa a la Real Academia de San Fernando, de entre las cuales llama la atención especialmente la última: "he logrado hacer observaciones a que regularmente no dan las obras encargadas, y en las que el capricho y la imaginación no tienen ensanches". Esta declaración que explica la creación de esta serie de cuadros del que forma parte este óleo, abre la etapa más rica de la obra de Goya, aquella que le sitúa entre los genios de la pintura. Estas ocho tauromaquias son conocidas como la "Serie Torrecilla", por haber sido adquiridas seis de ellas por Manuel de Salabert y de Torres, VI Marqués de la Torrecilla, a Céan Bermúdez, quien, a su vez, las había comprado en la testamentaría de Leonardo Chopinot, procedentes de la colección de Francisco Bayeu.

Esta serie comenzó a fragmentarse en la generación de Casilda de Salabert y Arteaga, IX Marquesa de la Torrecilla y esposa de Luis María Fernández de Córdoba y Pérez de Barradas, XVI Duque de Medinaceli, razón por la cual a la actual Duquesa de este título sólo le le llegó este cuadro de los seis. La obra representa el momento en el que el toro es arrastrado por las mulillas y está considerada como una de las más ejemplares de la serie, cuya técnica es más comprometida, tratándose además de la última escena que cierra la serie y así la visión final del conjunto. El animal es arrastrado por un grupo de mulas que adornadas con banderines y cintas de colores tiran de éste al son de los cascabeles, mientras el "respetable" comienza a levantarse de las gradas y a abrir las sombrillas. Pierre Gassier ha descrito este cuadro en los términos siguientes: “Observamos la habilidad de Goya para dar consistencia a su tema principal, tanto en el propio ruedo como entre el público. Le preocupa sobre todo no dejar el primer plano vacío por completo: un caballo muerto y un peón encargado sin duda de recuperar los arneses ocupan el ángulo inferior de la composición. Al fondo, los grupos de toreros parecen comentar la lidia delante de la barrera. En cuanto al público (el “respetable”, como se le suele llamar) una vez más Goya le da toda su densidad de muchedumbre multicolor con la ayuda de unos pequeños toques rápidos, aparentemente desordenados, pero, si los observamos de cerca, de una impresionante exactitud para tratarse de un formato de estas características: los sombreros oscuros de los hombres, las mantillas blancas de las mujeres y las sombrillas abiertas por completo, todo queda señalado, todo es verdad, pero sin que jamás el detalle predomine sobre el conjunto”.


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